Una bella escultura de $21,000 decora desde hace poco tiempo el pasillo principal de nuestro Palacio Legislativo. Sin duda, las medidas de austeridad y racionalidad en el gasto público están implementándose de manera adecuada en la Asamblea Legislativa de nuestro país. Para abonar al asunto, $12,000 fueron recientemente utilizados en regalos de Navidad para nuestros diputados. Y es que a pesar de que a juicio del presidente de este Órgano los obsequios entregados “no eran nada del otro mundo” por costar “solamente unas cuantas decenas de dólares”, tanto este gesto navideño como la compra de obras de arte a precios tan excesivos ha sido muy comentado –y sobre todo criticado– por la sociedad civil. Y es que una cosa, a mi juicio, está muy clara, en la Asamblea la palabra “austeridad”, o se desconoce, o se ignora.
En épocas de vacas flacas, lo racional y oportuno es distribuir los fondos públicos de tal manera que con los mismos se logre la mayor obtención de beneficios a la población. Así, en vez de despilfarrar el dinero en bienes suntuarios, el dinero proveniente del presupuesto debe, por ejemplo, utilizarse para realizar ciertas mejoras en el “giro” de la institución gubernamental a la cual este fue asignado. Por medio de esta clase de inversión, nosotros, quienes somos los que con nuestros impuestos abastecemos las arcas del Estado, obtendríamos entonces una mayor retribución y utilidad directa. En el caso concreto de la Asamblea Legislativa, ¿qué mejora sustancial a la elaboración de leyes se obtiene con el hecho de que las diputadas utilicen esclavas doradas con el escudo de la Asamblea Legislativa? ¿Dejarán de ser inconstitucionales las leyes que emitan los diputados con sus nuevas corbatas exclusivas diseñadas en México? ¿Crecerá nuestra confianza en este Órgano porque su edificio cuente con hermosas obras de arte colgadas en sus paredes? Soy muy sincera al respecto, dichas compras me parecen totalmente inoportunas considerándose la situación en la que se encuentra actualmente nuestro país. En todo caso, lo más prudente sería recortar ese gasto e invertirlo en otras carteras más necesarias como salud, educación, seguridad…
Me pregunto entonces, ¿dónde quedaron aquellos discursos de Sigfrido Reyes en los cuales afirmaba que el presupuesto de la Asamblea Legislativa se manejaba con austeridad y eficiencia? Y el comité para “austeridad” que se aprobó en octubre del año pasado, ¿qué opina al respecto? ¿Se está cumpliendo lo afirmado por una de las diputadas que forma parte de este equipo en lo que respecta a que dicho Órgano trataría de gastar solamente “lo necesario”? Bien lo mencionaron conocidos observadores y economistas a finales del 2012, deben dejarse a un lado los gastos superfluos y reintegrarse al Presupuesto General de la Nación, en todo caso, el excedente con que cuente determinada institución gubernamental después de haber utilizado los fondos de manera responsable.
Creo que ya va siendo hora de que los políticos tomen conciencia sobre la situación en la que nos encontramos, sobre dónde verdaderamente estamos parados como nación. Una verdadera política de austeridad sí puede y debe implementarse a fin de evitar que situaciones como las que mencioné anteriormente sigan sucediendo. Es hora de que pongan de una vez por todas los pies en la tierra y que empiecen a pensar realmente, ¡por favor!, en tomar las decisiones más acertadas para la población. Ello se traduce, para fines de ese artículo, en ¡no más despilfarro en bienes lujosos e innecesarios!
“Austeridad, ¿una palabra desconocida o ignorada en la Asamblea Legislativa?”
Por Sofía Fratti (@sofia_fratti)
Estudiante de Ciencias Jurídicas y Columnista de Xpressate.net









